martes, 11 de octubre de 2016

Reencuentro al amanecer

Solyluna:  
Hubo un detalle que me puso como una moto, no sé si te acuerdas, cuando me sacaste el pecho por encima del sujetador. Entonces te empapaste los dedos en tu saliva, me embadurnaste el pezón y te pusiste a rozar la punta con el dedo, muy suave, ¿te acuerdas? Luego me dijiste bajito: "mira cómo se te pone". Uf, chaval...   
MrCat:  
Jejeje, a mí me puso como una moto lo "cochina" que fuiste tomando "tu biberón"...   
Solyluna: 
¿Perdona? ¿Cochina dices?
MrCat:  
¡Sí!, ¿o es que ya no te acuerdas? Al principio, cuando te inclinaste para chupármela, te la metías en la boca, la empapabas con la saliva, la soltabas, y luego te quedabas mirando cómo colgaban los hilillos transparentes entre tu labios y mi glande hinchado. Lo hiciste como cuatro veces, ¡fue la leche! 
Solyluna:  
Joder, me acabo de poner roja como un tomate... ¡No me daba cuenta! Estaba tan concentrada saboreando... Pues si te ponía así, yo encantada de ser tan "cochina", jajaja.
Se llamaba Lidia. Nos conocimos en un portal web de contactos. Ella estaba casada y tenía hijos. Después de nuestro primer encuentro en aquel parking subterráneo medio en penumbras, continuamos escribiéndonos a través del correo electrónico. Seguía negándose a darme su número de teléfono, no quería correr ningún riesgo, y yo había acabado por acostumbrarme.
Tras aquella primera cita, habíamos roto el hielo, nos gustábamos físicamente y había mucha química entre los dos, no cabía duda. Los correos eran cada vez más «picantes».
Los dos teníamos en nuestra memoria un montón de imágenes de ese encuentro y las utilizábamos para masturbarnos. Nos contábamos el uno al otro lo que recordábamos, los detalles que más nos ponían. Ella, que se acostaba antes que su marido, me escribía los correos desde la cama, tocándose a veces, cuando podía, hasta que caía dormida. Había una sintonía tremenda. Los dos hablábamos sobre tener un nuevo encuentro. El principal problema era su horario: entre su trabajo, los niños y demás compromisos, apenas podía encontrar hueco. Además, era muy escrupulosa con la discreción. No quería cometer ningún error. Yo lo entendía perfectamente, aunque no lo llevaba nada bien. Pasaban las semanas. No había manera.
Entretanto, seguíamos enviándonos correos. A medida que crecía la confianza, nos dábamos algunos detalles sobre las vidas personales de cada uno, pero en realidad esto no nos interesaba demasiado. Nos gustaba la especie de burbuja que habíamos creado en medio de lo cotidiano. Era el espacio reservado para la excitación, los nervios y el morbo.
Puesto que los encuentros seguían siendo un tema difícil de resolver, seguíamos indagando en nuestras preferencias, nos contábamos fantasías. Ella me reveló una después de insistirle muchas veces. Le daba mucha vergüenza.
MrCat
¡Por fin!, venga, suéltala. Y no te dejes ni un detalle, ¿eh? Ya sabes que los detalles me ponen a mil.
Solyluna:  
Qué capullo eres... Venga, voy. Es una fantasía recurrente, de hace muchos años, y me masturbo a menudo con ella. Me pone muy caliente la idea de "amamantar" a un chico que se pirra por mis pechos. En la escena, me lo imagino a él con cara de deseo pidiéndome que le dé de mamar. Me vuelve loca. Me dice que quiere tomarse toda su lechita y yo le ofrezco mis pechos cargados. Me mama con fuerza, apretándomelos y sacándome todo el alimento. Yo le dejo hacer. De vez en cuando le acaricio el pelo y le aprieto la cabeza contra mí, y le digo bajito: "así, cómetelo todo", y él me mama hasta que queda saciado. Joder, me mojo sólo de pensarlo. ¡Eres un capullo!
MrCat
Joder, ¡qué pervertida eres! Mmmm, me has puesto muy caliente. Pero te confieso que yo no me veo en su papel. Me encantaría mamarte así, eso lo sabes, pero no puedo sentirme como un "bebé mamando", jajaja, es un poco raro. Pero lo que más me pone es imaginarte a ti en la escena, toda cachonda ofreciendo tus tetas cargadas de leche. ¡Sin comentarios!
Solyluna
Bueno, bueno, te toca, no te escabullas. Cuéntame esa escena que dices que es tan cerda. Y lo mismo te digo: ¡quiero detalles!
MrCat
No puedo contarte eso, es muy guarro.
Solyluna
¿Qué? ¡Ni de coña!, me lo tienes que contar. Ya sabes que me pones más cuando eres un guarro. Además, ¡mira lo que te acabo de contar yo! ¡Y encima me llamas pervertida!
MrCat
Jajaja, ¡vale!, tú lo has querido. Como te espantes, ¡me voy a cagar en mis muelas! Bueno, venga, voy. Mira, cuando pienso en un chico y una chica practicando sexo, me gusta mucho imaginarlos como animales. Me gusta pensar en lo básico, nada de pijadas. Me imagino a ella como una "perrita en celo", y a él como a un perro atraído por ella, que la olisquea. En la escena que te digo, ambos estamos vestidos. Ella lleva puesto un conjunto con falda. Después de besarnos y magrearnos un poco en el sofá, le digo al oído: "ahora tengo que comprobar si mi perrita está en celo". Entonces le digo que se ponga a cuatro patas sobre el sofá, que apoye los brazos en el respaldo y que abra un poco las piernas. Yo me quito la ropa y me quedo en bolas. Luego me acerco por detrás y empiezo a tocarle las nalgas en pompa, a sobárselas. Le subo la falda y veo sus bragas. Me inclino hacia abajo y olisqueo su coño. "Mmm, qué rico hueles, perrita", digo en voz alta, para que me oiga. Noto como ella mueve su colita. Mi polla se endurece. Paso mi mano por la raja, sobre las bragas. Noto que se calienta por momentos. Luego se las bajo y se las dejo a la altura de los muslos, estiradas. Vuelvo a agacharme y le olisqueo el coño. Ella nota el roce de mi nariz en su raja y se estremece, se mueve. El olor de su coño me la pone cada vez más dura. Paso mi lengua, le lamo la zona rosada. "Mmm... qué rico te sabe el coñito", le digo. Noto más movimientos. Finalmente le meto dos dedos y la noto hirviendo. Se me empapan, los saco y los llevo a mi nariz. Me pongo como una moto, mi polla se hincha. Le vuelvo a meter los dedos, los saco y me los chupo. Después me incorporo y me inclino sobre ella, sobre su espalda. La tomo del pelo por la nuca, procurando que mi polla le roce la raja, y le digo al oído: "mira qué rico hueles", y le llevo los dedos empapados de su flujo a su nariz. Le digo: "¿Sabes, perrita?, sí que estás en celo, y voy a follarte". Etc., etc., etc., jajaja... ¡Dime algo!
Solyluna
¡Uf, chaval!, me has puesto muy mala, ¡tú sí que eres un pervertido! Joder, me has dejado súper-cachonda. ¡Qué guarro eres!
Aun habiendo tenido un solo encuentro, parecía como si hubiésemos pasado más tiempo juntos, por tantas cosas que nos contábamos. Finalmente, ella encuentra un hueco tras el trabajo, después de muchas semanas, y nos vemos una vez más en la P27, un día entre semana, por la tarde.  
Dadas las limitaciones del lugar, sucede algo parecido a nuestro primer encuentro, con la salvedad de que ella lleva puesta «la rebeca» con la que se sacó aquella foto picante que me envió por correo, cuando aún no sa­bíamos si surgiría algo entre los dos. «¿Es esta "la rebeca"?», le pregunto. «Claro», me responde. Debajo de ella lleva una especie de top de color verde, pero me dice: «Espera, date la vuelta». Me río y me doy la vuelta. Noto que ella se mueve en el asiento, oigo como si se estuviera desvistiendo. «Ya puedes mirar», me dice, y yo flipo en colores: se ha dejado sólo la rebeca negra de agujeritos, y sus pechos grandes con sus pezones morenos se perciben claramente bajo la prenda. Me pongo como una moto y me lanzo sobre ella. 
Pero el aparcamiento subterráneo, después de este encuentro, se nos queda pequeño. Necesitamos algo más. Arriesgándome un poco, la invito a mi casa, pero me dice que es muy pronto. Tenemos algunas conversaciones sobre este tema y surgen algunas suspicacias. Yo tengo la impresión de que en cierta manera me rehúye. Se lo comento, y después de algunos correos un poco fríos, me confiesa:
Solyluna
Tienes razón. Me da un poco de apuro porque... me da miedo no gustarte. En el coche me sentí muy cómoda porque no estaba totalmente desnuda.
MrCat
Vaya, ya decía yo que aquí pasaba algo. Bueno, tú sabes que me gustas, no tendría que preocuparte eso. Pero vale, te entiendo. Te vas a reír... Voy a aprovechar para confesarte algo yo también: las limitaciones del coche también me dan cierta seguridad, porque a mí me preocupa un poco que... no te lo pases del todo bien conmigo.
Solyluna
¡Estamos buenos!, jajaja. Pues te parecerá una tontería, pero eso me tranquiliza a mí, ¡cada uno tiene su propio fantasmita!
Finalmente acordamos que nos veremos en el coche, una vez más, pero en otro sitio más apartado, y que usaremos el asiento trasero. Esta vez será el mío, que no está ocupado con sillas de bebé. La cuestión por resolver es dónde y cuándo, porque para ella sigue siendo muy difícil encontrar un hueco en su agenda. Un día, me dice: «Luis, ¿tú te despertarías a las cinco y media para verme?». Yo me quedo extrañadísimo, pero respondo: «Y a las cuatro también. Pero, ¿qué estás tramando?». Me dice: «Suelo madrugar a veces mucho, debido al trabajo. Él no se sorprendería. Podríamos vernos a las 6, pasado mañana».
Yo no sé en qué trabaja, y no se lo quiero preguntar de nuevo. Ya me paró los pies una vez por ese tema. Sin embargo, ella misma me lo cuenta, y me dice que tendrí­amos que buscar una zona no muy alejada para que pueda llegar en poco tiempo al lugar donde trabaja. Perfecto, así sería. Le digo que buscaré varios lugares y que elija el que mejor le parezca. Ingeniosa como ella sola, me dice: «Usa el Google Maps Tierra y envíame los pantallazos. Yo los miraré y me pasaré por allí con el coche. Te diré cuál me parece mejor».  Y así lo hago. Lugar del encuentro: una cala apartada. Tendríamos una hora y media con el runrún de las olas como sonido de fondo para disfrutar en el asiento trasero de mi coche. La noche anterior, víspera de la madrugada «X», nos volvemos a escribir:   
MrCat
Qué nervios tengo, Lidia. Me subo por las paredes.
Solyluna
Yo ni te cuento. Bueno, a ver si puedo dormir. Tengo unas ganas de verte...
Conduzco de madrugada hacia el lugar del encuentro. La excitación es tremenda. El corazón me va deprisa durante todo el trayecto. Acordamos que ella dejara su coche en un lugar más seguro, más iluminado. Yo la recogería para ir a la cala, y la devolvería también después.
«Hola, tonta», le digo mientras se sube a mi coche. «Hola, pervertido», me dice riéndose, y nos damos dos besos. Lleva una camisa negra con curiosos pliegues y una falda estampada. Me encanta como huele. Le he pedido que se pusiera el mismo perfume, lo asocio a ella, y además me gusta. También le he pedido que se pintara de rojo oscuro las uñas de los pies, y que calzara sandalias abiertas. Lo ha hecho, y me pone de inmediato. Además, se ha decorado el tobillo con una cadenita finísima. Tengo ganas de follármela. Ella me ha pedido que también me ponga el mismo perfume. Es uno barato, Red Code, pero dice que le encanta, que huele muy masculino.
Estamos sentados en el asiento trasero. Se oyen las olas lejanas, y unas farolas distantes iluminan muy ligeramente el acceso hasta donde nos encontramos. El entorno no puede ser mejor. Nos decimos algunas tonterías y nos tocamos con las manos, nerviosos.
No dura mucho esta situación, estamos como motos y enseguida empezamos a besarnos. Nos palpamos el cuerpo sin prisas, mientras nuestras lenguas se mueven lentas por los recovecos de la cara. Me gusta ponerla puntiaguda y dibujarle los labios con ella, como si fuera una barra de carmín. Eso le pone mala y quiere besarme, pero no la dejo. Nos comemos el cuello por turnos. El que recibe los besos y la boca hambrienta del otro...

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17 comentarios:

  1. Lo cuentas tan bien, que es como si lo hubiera vivido...Súper excitante.
    Felicidades por el blog :)

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    1. Muchas gracias. ¿Quién más quién menos no ha tenido escarceos sexuales dentro de un coche? ;) Respecto del blog, ya ves que está en plena construcción, pero me alegro de que te guste. Saludos

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  2. Que caliente!! Que bien escribes, opino como anónimo, parece que lo hubiera echo yo. Jajajaja!!!

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  3. Es Excitante, caliente y relajante, realmente me gusta

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  4. Escribes todo tipo de detalles, eres muy bueno en erotismo. Un abrazo

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    1. Muchas gracias, María. Me estimulan tus comentarios, te lo agradezco. Llevo sólo unos meses escribiendo erótica. Un saludo.

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    2. Pues para llevar sólo ese tiempo escribes muy bien. Yo me atreví con un libro por capítulos y tiene capítulos eróticos y nunca había leído no escrito antes nada. un saludo

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  5. Wow impresionante. Imposible no excitarse,muy explícitos tus relatos. Buenisimo.

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    1. Vaya, muchas gracias, anónimo, me alegro de que te gusten. Un placer, saludos.

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  6. Increíble narrativa!!! Excitante a morir, me gusta mucho y me ponen como "moto" los detalles bastante explícitos!!!

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    1. Muchísimas gracias, Chapu. Encantado de que te guste. Un saludo.

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  7. Esto contribuye al calentamiento global.... Muy excitante.

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    1. Jajaja, muy original tu comentario. Gracias, me alegro de que te haya gustado. Saludos.

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  8. Sorprende el realismo con el que cuentas la historia. Las escenas se pueden visualizar perfectamente.
    Muy morbosa.
    Habrá que terminar de leer el relato... Nos dejas a medias

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    1. Hola, Rosa. Jaja, sí, siento dejarte a medias... Os atraigo con miguitas de pan, jajaja. Me alegro de que te haya gustado este trocillo. ¡Saludos!

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