jueves, 30 de marzo de 2017

BDSM a la carta

Al entrar en el local, sentí que era inútil pretender adoptar ninguna actitud, aparentar indiferencia, o dignidad. Nunca lo había pensado: en cualquier tienda a la que vayamos, los objetos a los que uno se aproxima para echarles un vistazo hablan sobre el comprador, sobre sus intereses e inquietudes. Yo había entrado en un sexshop.
Enseguida me di cuenta de lo absurdo de mis esfuerzos. ¿Qué imagen pretendía proyectar teniendo todo aquel confeti de objetos sexuales abalanzándose sobre mí? Traté de relajarme cuanto pude y comencé a pasearme entre las estanterías.
Como no encontraba lo que fui a buscar, me acerqué al mostrador, donde había un señor y una señora charlando. Por el acento, vi que eran cubanos. Me dirigí a él, que estaba sentado por la parte interior, en un taburete muy alto.

sábado, 25 de marzo de 2017

Venganza carnal

―¿Me acompañas al baño?
Melissa siguió jugueteando con el tenedor sobre las verduras hervidas que aún quedaban en el plato, sin levantar la mirada. Su melena impecablemente lisa, que destellaba por momentos, rozaba los bordes de la loza, adornada con motivos florales. Alejandra se levantó, cogió el bolso que colgaba en el respaldo de su silla y se dio la vuelta.
―Ahora vuelvo ―dijo sin dirigirse a nadie en concreto.
Se fue contoneando el trasero con mayor intención de lo habitual, compitiendo con el desdén que le había mostrado Melissa. Llevaba una minifalda ajustada color canela muy pálido, unas medias negras poco tupidas y unos zapatos de imitación de cuero, de medio tacón, negros también, con una hebilla sobre el empeine, imitación de esos modelos de los años sesenta. Marcos no pudo evitar buscarle las nalgas con los ojos, sin girar la cabeza, arriesgándose a que su novia le descubriera. Tenía un culo de infarto.